29 de enero de 2007

Disparate del miedo

Disparate del miedo - GOYA





La llama del pabilo de una vela es la única luz en el cuarto. Son cuatro metros cuadrados de terrazo frío la senda por la que viajo. El cielo es un techo desconchado por la humedad, y el paisaje, cuatro árboles de cemento tatuados con palabras hermosas de rostro ajado.
Extrañamente, la llama del pabilo nunca se apaga. Su luz es insuficiente pero constante.
Hay una salida para mí y una entrada para los otros. No salgo ni entran pero está. Me sentiría peor si no la viera, si no tocase el frío pomo metálico que no se mueve.
Hago mis necesidades al pie de uno de los árboles, por lo que uno de los metros de mi mundo se ha convertido en un antro que no visito más que cuando el cuerpo me lo pide.
Los sueños transcurren como si fuesen días. Entre sueño y sueño y durante un abrir y cerrar de ojos, oigo algo que parecen unos nudillos golpeando con temor la salida-entrada. Es tan breve y tenue el sonido que a veces pienso si no será mi corazón que grita en el silencio para que yo pueda oirlo.
No recuerdo. No veo. No siento más que frío. No sé lo que hago en esta mísera ciudad tan oscura.
De repente, se desencadena una tormenta de voces que atraviesa el cemento de los árboles y se acerca implacable a mis oídos: "No podemos abrir. Está loca. Nos matará".
No sé el motivo de esos ruidos tan extraños pero inmediatamente siento que algo huele a podrido. Tal vez un monstruo nauseabundo esté atravesando la puerta.

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21 de enero de 2007

Heroes del Silencio - Flor de Loto en Vivo en Munich 5/7/93



En la guarida de la luz
encontré una flor de loto.
Hasta el fondo hundí mi mano
en el fango de su lecho
para cortar sus raíces.
Pero un légamo guardián
me impidió tocar el alma
de la verdad absoluta.

El encuentro se deshizo.

Desde entonces la contemplo,
ya fuera de la guarida,
esperando oír el verbo
que me mienta una verdad:
que no es fácil encontrar
una flor en el silencio.


17 de enero de 2007

Don't let me be misunderstood



Baby, do you understand me now
sometimes I feel a little mad
but don't you know that no one alive
can always be an angel
When things go wrong I seem to be bad
but I'm just a soul whose intentions are good
Oh Lord, please don't let me be misunderstood
Baby, sometimes I'm so carefree
with a joy that's hard to hide
and sometimes it seems that all I have do is worry
then you're bound to see my other side
but I'm just a soul whose intentions are good
Oh Lord, please don't let me be misunderstood
If I seem edgy I want you to know
that I never mean to take it out on you
Life has it's problems and I get my share
and that's one thing I never meant to do
because I love you
Oh, Oh baby don't you know I'm human
have thoughts like any other one
Sometimes I find myself long regretting
some foolish thing some little simple thing I've done
Oh Lord, please don't let me be misunderstood
yes, I'm just a soul whose intentions are good
Oh Lord, please don't let me be misunderstood
yes, I'm just a soul whose intentions are good
Oh Lord, please don't let me be misunderstood



Aunque la canción original pertenece a The Animals, la manera de cantarla, sentirla, interpretarla, llorarla, sufrirla, es de Nina Simone, la gran Nina Simone.
Pues eso, que de vez en cuando, la vida hace las paces con nosotros y nos ofrece estas preciosas joyas.

10 de enero de 2007

Un hombre y un Café

"Sostiene Pereira
que le conoció un día de verano"
Antonio Tabucchi
-Sostiene Pereira-


La mesa era de mármol tan herido
como el cristo en la cruz, de Guevara.
Las paredes hablaban con voz vieja.
Los apliques tenían alas de ángel
y luz de melancólico crepúsculo.
Baldosas con querencia de ajedrez
ocultaban historias: sombra y sol.
El paso de los años permitía
vislumbrar cuajarones de recuerdos
en el púrpura de los cortinajes.
El camarero alzaba su bandeja
hacia el artesonado cielo. Bello.
Todo era bello. Con esa belleza
antigua que se adhiere a la mirada.
Un hombre gordo, viejo y sudoroso,
la servilleta prendida a su cuello,
se tragaba sin decoro una omelette.
Pareció ésto, tal vez, antagónico
dentro de aquél artístico paisaje:
nada más falso que las apariencias.
Sostiene el antiquísimo Café
que le conoció un día de verano.
Tanto brillo en su decadente espíritu,
tanta sinceridad en su sombrero,
tan ágil su lacónica palabra,
tanto atractivo en su vieja amargura
que en un instante de clepsidra cómplice
el aire del Café ardió en belleza.
Todo el conjunto fue bello. Sostiene.

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5 de enero de 2007

El amor construye

"Construir es colaborar con la tierra,
imprimir una marca humana en un paisaje
que se modificará así para siempre"
MARGUERITE YOURCENAR
-Memorias de Adriano-
El verde de las hojas
se elevará a esmeralda
en tu pupila vieja.
Los pasos en el barro
que antaño te pesaban
serán huellas traslúcidas
de la senda olvidada.
Nunca más un abrazo
será sólo un abrazo:
fuertes alas de un águila
que ofrecerán cobijo.
No habrá linde en la boca
pues morderán los besos
cada pliegue del aire.
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Todo por la mirada
de azucar y saeta,
que te acompañó al alba
por caminos de agujas,
compuso sinfonías
de calma con sus brazos
y libó con ternura
la miel de las palabras
para ofrecerte un nombre.
.
Y es que el amor construye
entre rocas o arena,
pero siempre te eleva.
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27 de diciembre de 2006

Implacables elementos

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Canté una historia
de voces y leones:
murió en el aire.

Conté una historia
de amores hilvanados:
ardió en el fuego.

Soñé una historia
de tiempos relativos:
se hundió en la tierra.

Besé una boca
sin voz y sin historia:
un sabor de agua.

Sollozo un cuento
con pluma de ansiedad
en papel viejo.


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24 de diciembre de 2006

Tocapelotas

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Tocapelotas o rompecojones (a gusto del lector)

Para incordiar, porque otra cosa no puedo, el consumismo feroz y el insufrible cotilleo.




Llorará porque no le compran la psp o tal vez porque no le gustan las espinas de la merluza?




Protestarán porque no les llega la señal para ver "Aquí hay tomate", o tal vez les están obligando a ver el programa de "Ana Rosa"?


Nada más lejos que ejercer de justiciera, pero de verdad que se me revuelve el estómago cada vez que felicito la navidad.

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19 de diciembre de 2006

Luz en la oscuridad



Para Antonio Gamoneda












Sin ser mi maestro
eres maestro
y me enseñas ignorancia
para aprender poesía.
Tus dulces manos
agitan tanto la palabra
que el sentimiento vuela
como un bierzo desatado
que troncha la rama
y muestra el árbol.
Como estrella polar
indicas dónde está el norte:
creación,
revelación,
conocimiento inexplicable.
Poesía oscura
para los que no tienen luz.
Luz de poesía
para los que descansan
en la verdad.
Escribiré canciones
en las hojas secas
para practicar
el arte de la memoria,
recordando que Antonio
vió esas hojas secas
mucho antes
de que fueran verdes.

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10 de diciembre de 2006

De lo posible

Hay sucesos posibles. Hay sucesos probables. Hay sucesos improbables. Hay sucesos imposibles. La seguridad de los sucesos imposibles es clara y nítida y no ofrece duda, pero determinar la probabilidad de los sucesos improbables, probables o posibles genera una incertidumbre vital por la que seguimos adelante, paso a paso, en la senda de los sucesos posibles, probables o improbables.

Premisas lógicas dentro de un galimatías neuronal para obtener una conclusión visceral:

No fue, mas pudo ser.
Es posible que alguna vez suceda.
Siento en la piel que no sucederá.
Amanecer y ocaso, hay a diario
mas cada vez distintos:
Si lo posible es imposible, siempre
habrá algún imposible.

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5 de diciembre de 2006

Puente de plata










Escher





Apagaste la luz
y buscaste penumbra en un rincón
que escondiera tus labios
trémulos de mentiras.
El final de una historia
brotó pronto de tu desasosiego.
Sin alzar la cabeza
querías ver mi cara:
si resistía,
si sollozaba,
si me alteraba.
Bailabas en la silla
aquietabas el alma,
esperando una voz
ya distante, ya cercana, la mía.
Tú, querías huir
del día a día, y yo
encontré una razón en la costumbre
para tenderte un puente de plata.
Sonriendo con sarcasmo te dije:
“se diría que ya no me conoces”. *



* endecasílabo de Juan Vicente Piqueras

3 de diciembre de 2006

El sol de Antequera



Salía el sol por Antequera y se pintó el rostro de naranja para ser el indio salvaje y no un soldaducho de tres al cuarto cuyo paraíso se reduce a una hectárea con cinturón de empalizada.
Salió a la calle sin caballo y le preguntó a un gato si todos sus congéneres eran negros o quizás era ella la que tenía mala suerte. El gato guardó sus bigotes y avergonzado le respondió que no era malo ser negro. Ella pensó que un gato tan tonto no podía traerle desgracias y siguió calle adelante contoneando sus caderas.
Un cronner viejo cantaba algo sobre la vida feliz de cada uno y ella empezó a reir con tanta estridencia que un gordo seboso que a esa hora veía un programa de televisión titulado "Aquí hay tomate" derrengado sobre un sofá de ajada piel granate, salió a la ventana y le gritó: "No te rías so guarra, no soporto la risa; llora como una estúpida desgraciada y me harás feliz".
La pintura de guerra frustrada de su rostro formó la curva de un arco tenso y una flecha de afilados improperios se dirigió directa al culo fofo y orondo del gordo que ya se había dado la vuelta, pues la información privilegiada sobre la alcaldesa, el señor de los caballos, el amante de la folklórica y demás personajes del mundo rosa que él tanto admiraba, no podía esperar.
La saeta rebotó en la blandura maloliente -pues el gordo era un reputado cantante de pedos- y cayó justo delante de sus pies calzados con unos zapatos de charol rojo y tacón muy alto, al estilo puramente pin-up en un coordinado puramente kitsch con el naranja de su maquillaje.
En ese preciso instante una rata salió de una cercana reja de alcantarilla y sorprendida por la flecha, los zapatos de charol y los aromas cantarinos que descendían desde el culo del gordo hasta el asfalto, se puso a tararear algo sobre la vida. Mira tú por donde esa canción que antes le provocara risa, ahora le parecía una cosa seria. Nunca hubiese imaginado la diferente forma de interpretar entre una rata y un cronner. Aunque bien pensado no es de extrañar, pues las ratas se pasan la vida en las al-canta-rillas y los cronner tan sólo son unos en-canta-dores aburridos.
Siguió adelante en busca de aquello que no cantaba el cronner ni la rata, pero que a ella le haría feliz.
Cuando los tacones de aguja se clavaron en el asfalto cien veces -no encontraba su sitio en la acera-, su pie derecho entró de lleno en uno de esos socavones que el paso de los coches y los zapatos de charol rojo producen, lo que hizo que perdiese el equilibrio y se cayese de bruces, golpeándose las rodillas con tal fuerza que no pudo sostener la postura y continuó su trayectoria hasta que su rostro quedó pegado al asfalto.
De esta guisa: rodillas en tierra, culo empericotado, antebrazos sosteniendo el torso y cara besando el suelo, la encontró un tipo que en ese momento doblaba la esquina próxima.
El hombre se acercó para ayudarla a levantarse pero ella permanecía inmóvil; tan sólo acertó a reirse.
Distendida la situación, las palabras fluyeron, las pieles se rozaron -al fin consiguió mover sus músculos- y los planes rodaron.
El tipo era guapo, las chispas saltaron, los polos se atrayeron y ella pensó que había encontrado al hombre que de verdad la complacería.
Se fueron a un hotel de las afueras, entraron en una habitación y se pusieron a follar como posesos. Al cabo de media hora los dos permanecían a ambos lados de la cama boca arriba y en silencio. Él, con cara de preocupación, élla, de frustración.
Estaba convencida de su mala suerte. Nunca encontraría a un hombre que follase de verdad.
En vista de que el gatillazo lo había dejado mudo, fue élla la primera en disparar: "¿Todos los hombres sois iguales o soy yo la que doy con ellos?".
Él respondió: "No es malo ser negro".
Un cronner viejo cantaba una canción sobre la vida -en el hotel no había ratas-. Una sonrisa -esta vez no hubo risas estridentes- llegó a su boca.
Se ponía el sol por Antequera, limpió su pintura naranja, cogió las dos agujas de charol rojo en la mano y salió a la calle.
Por enésima vez, el indio había sido derrotado.


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29 de noviembre de 2006

Pero Superman no necesita orgullo

El orgullo dispone de femorales y gemelos de repuesto para que no nos derrumbemos en esos momentos en que todo falla, en que la tierra se vuelve arena movediza, el aire es un tornado y algunas gentes tornan en carnívora marabunta.
El orgullo nos sostiene; más que sostener nos da alas, nos eleva a planos superiores donde somos superhéroes capaces de vencer a la pobreza de espíritu.
El orgullo nos hace fuertes, pero el orgullo no nos impide sufrir.

27 de noviembre de 2006

Noviembre

No niega el mes mi ser
en su negado nombre.
Como abogado vago
hace uso del artículo catorce
y me enseña un manual
cada año más grueso.
Lo uso lentamente
para atesorar páginas
repletas de señales
que me hablan entre risas,
sarcásticas e irónicas,
sobre años tan efímeros
como abrir y cerrar
los ojos ante el sol.
Es lenta mi ojeada
mas rápida la imágen,
tanto,
que al entornar los párpados
veo un noviembre de uniforme y trenzas
y otro de faldas cortas-largos besos.
Al abrirlos de nuevo
el mes tiene dos niños, una línea
y una huella que hiere la memoria.
Son muchos los noviembres
y una vida muy corta.

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22 de noviembre de 2006

Sino, Destino o Gato negro
















Catcat de Tom Wessellman



Un gato negro cruzaba la calle
Una gran ave blanca llegó del mar
Un abrazo cerraba el paraíso
Unas palabras paseaban solas
Unos hielos volcánicos llegaban
Unas piernas de seda cabalgaban
Un llanto frío desgarraba el alma
Un triste no tragaba con ansia un sí
Una mano abría el paraíso
Unos labios curaban las heridas
Una noche perdía el tren al día
Un silencio nadaba entre dos lenguas
Una gran ave blanca voló al este
Un gato negro cruzaba la calle

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12 de noviembre de 2006

Desayuno con diamantes














Una sola gota de agua
hace llorar al vaso.
Una sola y pequeña estrella en la noche
gesta una gran estrella en el día.
Un solo grano de arena
acuchilla la mirada.
Una sola mano
cierra la caja de Pandora.
Una sola palabra
hace palpitar el pétalo.

Érase una vez
un vaso medio lleno
en una casa
con techo de cristal;
donde la lluvia era piedra
y la tormenta de cartón.
Érase una vez
un búcaro dorado
repleto de razones húmedas,
donde las canciones tenían garras
y los poemas sonrojaban. Mas

Una sola gota de agua
hace llorar al vaso.
Una sola y pequeña estrella en la noche
gesta una gran estrella en el día.
Un solo grano de arena
acuchilla la mirada.
Una sola mano
cierra la caja de Pandora.
Una sola palabra
hace palpitar el pétalo.

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25 de octubre de 2006

Despertar antes o después de soñar











La pintura es de Conchi Marquez





Abrazada por dos metros de sábana blanca, sueño con un estanque repleto de lotos blancos.

Estoy desnuda. El cabello mojado cae en guedejas sobre mi cara ocultando una expresión seductora de media sonrisa que intenta seducir a nadie. Sentada en el borde, agito los pies en el agua para mitigar el temblor que sacude mi cuerpo. Con hilos húmedos hago un bodoque azul en la alfombra blanca. No hay nadie alrededor. Un silencio ruidoso. El aire susurra una nana al aire. El agua ahoga un suspiro de flor. Los blancos lotos frotan sus manos blancas. No hay nadie alrededor. Justo enfrente de mí, al final de una senda flanqueada por unos parterres de gardenias blancas, hay una gran casa, toda de mármol. Abandono el agua y camino hacia ella. Mis pies desnudos sufren las afiladas caricias de miles de piedrecillas blancas. Siento respigos, como miles de hormigas desquiciadas, bajo la piel. Entro en la casa que está completamente vacía. Todas las paredes de mármol blanco. Subo al primer piso en el que sólo hay una ventana que ilumina un gran salón. Abro la ventana y veo dos metros de sábana blanca. No hay nada. Sólo dos metros de sábana blanca. Sujeto con la mano la tela de algodón y tiro hacia dentro. El paisaje aparece entonces nítido. Ha despertado un sol de plata en mi ventana. Una sonrisa. Unos ojos verdes. Dos manos que entrelazan las mías. Unas palabras: no cierres la ventana.

Continúo abrazada por setenta centímetros de brazo. No sé dónde está la sábana. Escucho unas palabras dirigidas al comienzo de mi pensamiento: "no me cierres el alma".

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18 de octubre de 2006

Destrucción

"Nada se destruye, todo se transforma",

canta Jorge Drexler en una de sus canciones; ese cantante al que le dieron un oscar pero le prohibieron cantar su canción, y aun así cantó.
También lo dijeron otros en sesudos libros. Y lo veo a diario en mis bolsas de basura reciclada.
Hasta existen empresas dedicadas a la recuperación de pieles casi a punto de ajado extremo.

Pero mejor experimentar la teoría en esa sonrisa de una amistad que creía perdida. En la sentencia de mi padre -muerto hace muchos ocasos- a la que recurro a menudo. En el brillo de esa mañana en la que dejo atrás las sombras que atoraban mi cansado corazón. En esa palabra de color verde esperanza con la que un político raro me devuelve la fe en el hombre y su política. En el amor destruído por mi imaginación, al que nunca di pábulo de realidad y que en uno de esos instantes lúcidos, que raras veces poseo, muestra una pasión tan auténtica, tan vigente, que no puede concebir su no-existencia.

Nada se destruye, todo se transforma.



"Dedicado a todos esos ENCADENADOS que me acompañan en la ausencia"

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24 de septiembre de 2006

LUZ OSCURA






Foto de Aires Abiertos







En el fondo oscuro de un espeso bosque se encuentra una casa pequeña. Está hecha de piedra y pizarra, madera y cristal. Tiene un porche a la entrada, protegido por una barandilla de madera, con un solo banco alargado situado justo debajo de una de las ventanas. Un abeto centenario actúa de guardaespaldas. La luz es escasa durante todo el día y al caer la tarde, desaparece por completo. Ni siquiera la luna llena consigue atravesar la maraña de verde frondoso para llegar al reino duro y peleón del sotobosque.
Nadie quiere acercarse al lugar. El miedo a lo desconocido se aloja allí desde hace tiempo.
Sin embargo, todos los días, cuando la oscuridad ciñe su corona de azabache, una de las ventanas de la casa se ilumina.
Si se pudiese digitalizar la imaginación se vería una mancha blanca y brillante sobre fondo negro, o la estrella polar fugitiva del negro cielo, o un faro para navegantes perdidos, o un cirio en el templo de los creyentes, o tal vez, una lámpara de aceite encendida en la posada del camino.
Tan sólo son unas manos dulces, con olor a hierbabuena y el color de la ternura, las que pintan un paisaje imposible: la historia de amor entre la noche y el día.
Pero nadie quiere acercarse al lugar por miedo a lo desconocido y nadie verá el paisaje ni conocerá las manos que lo pintan.

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15 de septiembre de 2006

Enigma












Carboncillo de
Sandra Pérez






Quisiera ser enigma
y no recuerdo.

Ser un cristal ahumado
que muestra la silueta
y esconde la piel,
el jeroglífico dibujado
en la portada de un libro de historia,
una de las agujas
del reloj muerto
de una torre emblemática.
Ser, en fin, un objeto
necesario e inútil:
sirve sin usar,
se usa sin utilizar.

Quisiera ser enigma
y no saber mi respuesta.

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10 de septiembre de 2006

Granos de arena

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Camino por la playa
cuando se consuma esa su querencia
por ser un gran desierto.
Así, pienso en el morboso atractivo
de una soledad vieja.
Veo la escoria del tiempo en la arena:
una huella,
una colilla,
una caracola,
un madero,
una bolsa de plástico.
Así, imagino historias
de aquellos que estuvieron también solos,
que grabaron sus penas en la arena,
quemaron una historia de amor light,
se envolvieron con olas de mar falsas,
levantaron futuros
con pedazos de naufragios pasados,
fueron sicarios del hombre que, lento,
planea la destrucción de su casa.
Cuando veo ese tiempo
de arena derramado,
comprendo que los hombres
nunca han estado solos:
"Nadie es una isla
completo en sí mismo;
cada hombre es un pedazo del continente,
una parte de la tierra...".
Somos granos de arena en una playa:
uno a uno en soledad unidos.

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6 de septiembre de 2006

Inevitable









Foto de el peatón



Los días que poseo
-cada vez más-
ponen reja y candado
a todos mis sentidos.

No podré disfrutar
al cabalgar las aguas
del cañón colorado;
ni gozar libremente
de una caída libre
con ala de nylon
desde un ave de acero;
ni abrazar una rosa
sin temor a la espina
que en mis dos manos abra
dos heridas sin sangre;
ni mirar anaqueles
de tesoros escritos
sin gozar de la vista
de una daga clavada
en el núcleo del tiempo.

Los días que poseo
ponen reja y candado
a todos mis sentidos
pero no evitarán
que siempre sienta
amor por ese amor
que no poseo.

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31 de agosto de 2006

Anecdotario de curiosidades (IV)

Regreso de la tranquila historia de los tiempos no escritos (visita al Museo Arqueológico) a la historia estresante de las telecomunicaciones en fibras ópticas.
Sujeto las bridas a esta carrera desenfrenada, sentándome en una terraza bajo la sombra de unos venerables tilos.
Mientras acaricio el paladar con una caña de cerveza, recibo la visita de tres gorriones. Dejo mi lectura para observarlos. Permanecen saltando, mas bien botando, en el borde de la mesa. Uno de ellos dirige su pico hacia mí, abriéndolo y cerrándolo en actitud conversadora, imagino yo. Le concedo una sonrisa cómplice y parece que esto le da la confianza suficiente para acercarse a saltitos juguetones al plato de patatitas que el camarero había dejado como aperitivo. -Los otros dos, se mantienen vigilantes y al acecho de su maniobra-. Coquetea con dos o tres patatas y engancha una de ellas con rapidez al tiempo que, en una suerte de engaño, levanta el vuelo para aterrizar al pie de uno de los tilos que flanquean mi mesa.
Cuando el confiado gorrión se disponía a dar cuenta de su botín, sus dos compañeros imitaron su trayectoria y se le acercaron frontalmente, atacándole pico a pico hasta dejarle sin patata. En una milésima de segundo fue derrotado. Tal vez, pensé, porque el encantador gorrión de esta historia evitó entrar en la batalla. Le gustaba más el diálogo. Conmigo se había entendido bien. Pidió y yo le concedí.
Se quedó triste y abatido, mirando el tronco del árbol, como pidiendo explicaciones, intentando descubrir el motivo para tamaña injusticia.
Yo me mantuve observando la escena con ganas de salir en su defensa, pero el sentido del ridículo se impuso y no me atreví a ejercer de caballero protector de una minúscula dama que caminaba a saltitos y cuya piel estaba repleta de plumas grises.
Ahora, al cabo de los días cuando escribo esta historia, pienso si en una situación similar, con hombres y mujeres por protagonistas, me hubiese atrevido a tomar la espada de la justicia en la mano para defender al débil, cual quijote del siglo XXI.
Si algún día aclaro esta duda, tendré otra historia para escribir, muy probablemente en una cama de hospital, pues ya se sabe que los adalides quijotescos suelen acabar con los huesos malparados; o bien en letras rojas que reflejen la verguenza manifiesta de mi cobardía para defender tanto animales como hombres.

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28 de agosto de 2006

Estás; la luz se besa con la sombra
y no te veo.
Cuando estás, el tacto de mis dedos queda ciego
y no te siento.
Cuando estás, una balsa de viento se lleva las palabras
y no te hablo.

No estás; el alba nace envuelta en manto negro
y deseo verte.
Cuando no estás, crecen raíces en la punta de mis dedos que te buscan
y deseo tocarte.
Cuando no estás, un tren de veintiocho vagones descarrila por unas vías eternas
y deseo hablarte.

Un sueño dulce me envuelve cuando estás.
Cuando no estás una vigilia cruel me inunda los ojos.

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20 de agosto de 2006

Bella

Para Viri

















Fotografía de Virginia Fernández



En aquel tiempo, una muchacha de cabellos castaños y ondulados como un mar; brillantes ojos negros como una noche de luna; piel de plata como sábana de raso blanca y un cuerpo moldeado por la brisa fresca de la primavera, vivía en una casita al final de una calle de un pueblecito al sur de Portugal.
La muchacha se llamaba Bella, la calle "Rua das arbores" y el pueblo... no recuerdo cómo se llamaba.
En aquel tiempo los mozos rodeaban la casa de Bella, cantándole hermosas canciones populares para ganar sus favores; y el bosque rodeaba el pueblecito dejándole apenas una entrada desde la carretera general.
En aquel tiempo el padre de Bella pensó en el futuro de su hija y no encontró conveniente que todos aquellos mozos se pasaran la noche al pie de la ventana de su hija, por lo que prohibió terminantemente que nadie se parase para tales fines delante de su casa, y estableció contactos con una casamentera del lugar para arreglar un matrimonio de conveniencia para su hija.
En aquel tiempo el alcalde del pueblo pensó en el futuro de sus lugareños y no encontró conveniente que el bosque les privase de una agricultura floreciente que enriqueciese a todos y trajera prosperidad al lugar, por lo que ordenó la tala parcial (más tarde llegó a ser general) de todos los arboles que rodeaban al pueblo.
En aquel tiempo acaecieron algunos cambios en la vida de Bella. Su calle dejó de llamarse "Rua das arbores" y pasó a nombrarse "Rua dos arrifes"; los mozos desaparecieron, al igual que el bosque; y la única presencia de un hombre al pie de su ventana fue la silueta de un jinete sobre su caballo que anunciaba en un cartel (muy a la moda de la época) el afamado "Nitrato do Chile" que una compañía del país sudamericano comercializaba en Europa para el mejor desarrollo de los cultivos agrícolas.
Hemos sabido, que Bella abandonó su pueblo, su calle y su casa; sin embargo mantuvo una íntima relación con el "Nitrato do Chile": se casó con el director de la compañía.
Hemos sabido, que ya nadie cultiva nada en el pueblo de Bella; sin embargo los arrifes mantuvieron su status; ni un solo arbol ha vuelto a ser plantado.


*"Arrifes": desmanche de árboles para abrir caminos.
*Me he tomado la libertad de modificar el significado de "arrifes" con el fin de relacionarlo de una manera racional con el "Nitrato do Chile"

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14 de agosto de 2006

Una que no sabe



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"United colors of Rajastan" Foto tomada por Manuel Pazos



Hay, quienes no quieren tirar para adelante porque, intuyo, no les gusta dejarse llevar; prefieren conocer, escoger y asegurar el camino. Éstos, contradictoriamente, arriesgan mucho; pues aquellas excelencias de la vida que llegan a conocer y a escoger voluntariamente, involuntariamente pretenden sujetarlas; propiciando de este modo una pérdida segura; pues el dicho de "sólo se conserva aquello que no se amarra" es muy acertado.

Los hay, que no sufren el tirar para atrás, pues la senda está aprehendida por la memoria y el recuerdo, y ámbos, son caminantes perezosos. En ese caso, el olvido premeditado acarrea un peligro: si no sientes lo que dejas atrás, no podrás sentir en plenitud lo que te ofrece el presente, pues el período de aprendizaje es necesario incluso para el sentimiento.

Hay gentes, también, que olvidan el ayer y no piensan en el mañana, porque están anclados en cada minuto que late en sus vidas; y se aferran con tanta fuerza a cada instante que no aprecian si hay baches en el camino, si las tormentas acechan, si lo recorrido ha sido duro o si lo que se vislumbra en el horizonte tiene buen aspecto. Y es que, estas gentes, usan sus manos para quitar el tronco atravesado en el camino; su boca para besar unos labios que piden auxilio; sus piernas para escalar al balcón de su amor; su nariz para oler la sangre de la herida o la rosa del corazón; sus ojos para ver la miseria o la riqueza; su sexo para gozar; y su voz..., su voz para cantar una elegía a cada minuto de su vida que se muere.

En realidad, no sé quiénes practican mejor el arte de la vida o si es éste un conglomerado de estilos; utilizando un día el pincel, otro la pluma, otro el cincel, otro la voz; pero sí se me ocurre un aforismo: Hay gentes que viven y hay gentes que piensan en vivir.


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12 de agosto de 2006

A la gata le sobra con el tejado















He visto en un semanal, de los que lanza hace ya tiempo la prensa escrita, unas páginas sobre lo último en decoración perfecta para una casa. Una de las habitaciones -se supone que la de los niños-, dejaba ver una combinación sobria y austera -véase "minimalista" en argot de diseño-. Paredes desnudas pintadas en color piedra, suelo de madera sin barnizar, camas sin cabecero y colchas y cuadrantes grises. Muy sencillo a la par que elegante y en la onda de la última movida diseñadora -nos diría el decorador de turno-.
He pensado en la cantidad de casas en las que se renovará la decoración, inclinándose por esta tendencia, so pena de quedarse el actual mobiliario y sus accesorios pasados de moda. En este caso es un buen cambio (más por menos): la mayoría de las cosas que llenan nuestras casas son superfluas, inútiles e innecesarias. Pero me pregunto ¿por qué no se llega a este razonamiento sin falta de que nos lo impongan unos diseñadores obligados al cambio para mejor vender sus ideas?.
He recordado el sótano de la casa de "La gata sobre el tejado de zinc" -repleto de los más inverosímiles objetos- y los lamentos del patriarca de la familia, en la obra mítica de Tennesee Williams, porque la única meta en su vida había sido "acumular" cosas de todo tipo, pero cosas al fin y al cabo; y en su último momento no tenía "nada" para llevarse consigo.
Dejo la pregunta en el aire: ¿Por qué demonios nos gustará tanto poseer?


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4 de agosto de 2006

Invertir al hombre de Porlock

Invertir al hombre de Porlock. Eso es lo importante. Irte a la cama para escribir la historia vivida. Reinventar cientos de personajes y establecer un nexo entre ellos tal, que la lectura consiguiente sea tan sencilla como sumar uno y uno y todo el mundo diga: ¡dos, es dos!
Cuando el árbol se llena de frutos, sus ramas se doblan y aquellos acaban cayendo fieles a la ley de la gravedad. Tal vez nuestras mentes se doblen de tanto alimentarlas y de cuando en cuando, lo que había brotado y estaba a punto de dar a luz un perfecto y redondo pensamiento, se hunde en un limbo extraño y desconocido a donde van a parar Cavafis y su Itaca, la estación del metro de Pound, la pistola de Verlaine y sus violines de otoño, la amada y el amado de San Juan, las tierras baldías de Elliot, la fuga de muerte de Celan, la marca del agua de Angel González, la alta luna de Pessoa, el cubo de mierda de Bukowski y hasta el mismísimo hombre de Porlock de Coleridge.
Qué maravilla de la creación sería acostarse, recibir la noche en la piel y un alfabeto de luces en el alma, cuyo desorden voluntario generase espontáneamente un caos tan lúcido como los amores de Cavafis, tres o cuatro cantares de Pound, el cuerpo herido de Rimbaud, la noche oscura de San Juan, los cuartetos de Elliot, el suicidio de Celan, las cucarachas de Angel González, la piedra y la rosa de Pessoa, el plato de lentejas de Bukowski y hasta el mismísimo Kubla Khan de Coleridge.
Invertir al hombre de Porlock. Eso es lo importante. Que el escribir fuera un sueño y el sueño una creación libre de ser interrumpida por la llamada inoportuna del alba intelectual.

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31 de julio de 2006

Pequeñas historias en ciudades grandes (II)













La composición es de
Cristina Alejos Cañada




Todos los meses desde hacía un año recibía una rosa. El día diez de cada mes, un repartidor de una floristería aparecía en la oficina con una rosa solitaria, tan sólo adornada con un lazo de su mismo color: rojo. Una tarjeta con dos iniciales. Ninguno de sus amigos, conocidos o posibles admiradores tenía un nombre con esas iniciales. Había indagado en la floristería pero no supieron darle ninguna pista pues los encargos se hacían por teléfono. El desasosiego que le producía ignorar el remitente y la cobardía que imaginaba en él, la inquietaban de tal forma que había tomado la decisión de no aceptar el envío y devolvérselo al repartidor el próximo mes. Pondría fin a una historia que no había tenido principio.

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Llamó a la floristería para cancelar el encargo que hacía todos los días diez de cada mes. Después de un año, su mejor amiga tendría que haberse dado cuenta de sus intenciones. En fin, tal vez fuese mejor así. Él no se atrevía a manifestarle en persona sus sentimientos y ella obviaba la situación haciendo caso omiso de su "declaración" mensual. Lo más conveniente para los dos sería seguir como si nada hubiese ocurrido y poner fin a una historia que nunca tendría principio.

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La encargada lo llamó al móvil para decirle que la rosa que llevaba a la calle de los Despropósitos número 15, no debía ser entregada pues acababan de cancelar el encargo. El repartidor confirmó el número de la calle y el nombre de la destinataria y cortó la llamada. -¡Joder, llevo un año entregando esta rosa en el número 16 a una mujer con el mismo nombre!- pensó. Sería mejor no contar este final a nadie, no fuera que su trabajo en la floristería pasase a ser historia.


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28 de julio de 2006

Oración



No te asalten temores
pues no verás espejo en estas letras.
Este poema será una gran piedra
velada por la sombra de los sueños,
protegida por líquenes de angustia
y firme ante la luz de las verdades.

Piedra que nunca duele
piedra que nunca sueña
piedra que nunca abriga
piedra que nunca vuela
piedra que nunca tiene

Líbrame de todo
y dame la nada.


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26 de julio de 2006

La carrera

















Nací con el moldeador puesto y el azabache definiendo el color de mi pelo.
Mis padres, después de cuatro hermanos varones de cabellos rubios y lacios cual mezcla de ario y vikingo, encontraron mi figura tan opuesta a la de sus otros hijos que no buscaron más belleza y se conformaron con la vulgar mediocridad de mis rasgos.
Crecí a rebufo del poderío físico e intelectual de mis hermanos. Ellos eran altos, fuertes, guapos, inteligentes y poseían ese halo de atracción que rodea a ciertas personas que las hace triunfar ante los demás sin mover siquiera un dedo; al contrario que yo, que tuve que justificar incluso mi primer paso pues a los seis meses corría, más que caminaba, por el jardín de nuestra casa, intuyendo mis padres en ello una rara aptitud más que una cualidad.
Lo de crecer es una manera antagónica de decir que no crecí. Apenas llegué al metro cincuenta de estatura. Soy bajita. Tal vez no sea debido tan sólo a ésto, pero siempre he tenido la sensación de ser inferior a los demás. Claro está que todos los hombres con los que me he relacionado, esporádica, temporal o continuadamente, han sido mucho más altos que yo e, influenciada por mis actitudes afectivas hacia mis fraternales y colaterales ascendientes, he tenido el impulso de besarlos continuamente.
Por oposición a mis hermanos, estudié "diseño y decoración"; profesión femenina donde las haya; gracias a la cual, conocí a cientos de mujeres organizadoras de sus casas, amantes de sus maridos, educadoras de sus hijos, clientas de dermoestética y profesionales del ocio a elevados niveles. Esta relación profesional-clienta, me indujo a ejercer de lo contrario, esto es: seguí viviendo en casa de mis padres, no me casé, no tuve hijos, mantengo el mismo cuerpo que mi padre y mi madre concibieron y mi único ocio-vicio es saborear los labios y lenguas de todos los hombres que se acercan notablemente a mi vida mientras empleo una destacada frialdad para hacerles el amor. Es posible que un día de éstos me quede con una sola de esas bocas y hasta puede que tenga un hijo. No veo probable, en cambio, que los cirujanos arreglen algún desarreglo de mi cuerpo.
El moldeador sigue siendo natural pero el azabache del pelo va tornando artificial. Mis padres continúan viendo en mí un personaje particular, medio extravagante, medio vulgar. Mis hermanos son, efectivamente y como se había previsto, espléndidos representantes de la perfección en el género masculino. El jardín ya no es testigo de mis carreras pero sí me sufren el metro, las aceras, los pasillos de las casas de mis clientas y cualquier otro sitio que pueda ser pateado, en este caso, corrido. Y continúo centrando mis aspiraciones sexuales en besar apasionadamente a los hombres que me gustan.
Siento, a menudo, que se ha tratado la mía de una vida aburrida. Sólo siento, porque si me detengo a racionalizar esta carrera en la que no he oído el pistoletazo de salida, el puesto a la mitad de esta prueba reina no es tan malo. Soy extraña, particular y personalmente feliz.



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